Intervenciones asistidas con perro, familias, actividades en coles, sendero emocional
 

“Si volviera a nacer, te volvería a elegir”

Oigo los primeros ruidos de la mañana y pego un salto de la cama.
Qué ganas de verte. Ocho horas exactamente.
Vienes y nos acaricias con muchísimo amor.
Llevas esas zapatillas que me indican que algo bueno viene después.
Efectivamente, no falla.
Cuando nos vas a poner nuestras mejores galas, me pongo tan contenta que tardamos en salir porque nos ponemos a jugar los hermanos y te hacemos complicado ponernos nuestros arneses.

 Nos dirigimos a la calle.
¡Ay! Te siento contenta porque vas silbando. Además, hoy nos encontramos con nuestros amigos y nos paramos a saludar. Qué contenta me pongo. Me voy un rato a jugar.
Te agachas y recoges algo que huele un poco mal y te veo tirarlo a un cubo verde.
Seguimos nuestro camino de vuelta a casa.

Voy a beber agua, qué sed tengo.

Suena una música de fondo.
Me siento a tu lado. Me gusta observar qué haces.

Estás comiendo algo que huele muy rico.

Te pongo mi mejor cara de pena por si acaso cae algo… a veces funciona, por eso sigo insistiendo.
En un rato me vas a dar de comer junto a mis hermanos. Nos haces juegos muy divertidos de olfato.

A veces, pasado un tiempo, me invitas de nuevo a irnos a una casa donde me dan muchos mimos. Me saludan muy contentos. Ya me conocen, ya los conozco. Esta pequeña es tan delicada conmigo. Me pone agua, me pone mi camita. Se sienta conmigo y me acaricia mientras habla contigo. Me siento tan a gusto que a veces me duermo a sus pies mientras hace actividades encima de una mesa. En alguna ocasión hasta ronco, y eso hace que la pequeña esboce una gran carcajada.

Sucede algunas veces que suena el timbre y vienen más miembros de la familia. Me encanta que al terminar la sesión me saluden rascándome la barriga. Y también me gusta mucho cuando vamos de paseo con la pequeña. Jugamos a que vamos de expedición, y yo me lo paso genial oliendo cada rincón. Te oigo decir a la pequeña que compartimos muchas emociones salvo el orgullo. Le pones ejemplos y la oigo decir que tenéis los humanos mucho que aprender de nosotros.

Cuando no me llevas contigo te despides de nosotros y en un rato, no sé exactamente cuándo, volverás y nos volverás a sacar de paseo. A veces nos dejas un juguete con algo dentro super rico.

Al cabo de unas horas vuelves y me pongo muy contenta.
Nos saludas tirándote al suelo. Te colmamos de besos y nos sacas de nuevo a la calle. ¿Ya están nuestros amigos fuera esperando? ¡Uy, nos subimos al coche!
¿Dónde iremos?
Has bajado la ventanilla y me huele a campo. Qué bien, este sitio también me suena.
El coche se ha parado y oigo a nuestra amiga Jimena ladrar. ¡Qué bien lo vamos a pasar!
Bueno, y además hay agua. ¡No me lo puedo creer!
Los días a tu lado son un regalo.
Después de nadar y subirme al coche me entra mucho sueño y me quedo dormida.
Llegamos a casa y nos das de cenar.
Después me tumbo a tus pies y sólo puedo desear que sea mañana para saber qué plan tenemos.
¡Qué afortunada me siento de poder ser yo misma!

¡Qué afortunada me siento siendo una perrita de terapia y de tener la vida que tengo!

“Si yo pudiera darte una cosa en la vida, me gustaría darte la capacidad de verte a ti mismo a través de mis ojos. Sólo entonces te darías cuenta de lo especial que eres para mí”.

Frida Kahlo

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